Jorge Michel: Hacer frente a la idea y al material (1982)

Actualizado: 13 de nov de 2018

Revista ARTINF (Arte Informa) – Noviembre 1982.

Jorge Michel, entrevistado por Silvia de Ambrosini

Mi pasado de marinero y foguista me enseñó muchos oficios que después me fueron de gran utilidad. Por eso creo necesario el desarrollo de ciertas habilidades para quien quiera trabajar la escultura en direc­to: la escultura que se hace princi­palmente con el instrumento mano. Caso contrario es otra cosa, recibe otro nombre, por ejemplo arte obje­tal.

En mi opinión, la escultura exige un punto de partida estricto: la imagen-idea debe poder concretarse por los propios medios, o sea, taller, mate­riales, herramientas, conocimientos técnicos, practicas de ejecución. Y frente a todo eso, uno mismo, sin intermediarios, para la puesta en obra. Así era la ejecución en el pa­sado, cuando el escultor-artesano sabía cómo resolver él solo los pasos de la escultura.

Con esto, no preconizo un retroce­so a lo prerrenacentista, ni la renun­cia a los adelantos de la técnica, ni el rechazo de las posibilidades que brindan hoy nuevos materiales. Mi enfoque tampoco implica desestima por los modos de trabajar en los que intervienen diversos pasos manuales o industriales que realizan otros ope­rarios. Pero como autor de escultu­ras, creo imprescindible saber cómo operar uno mismo, frente a las exigencias del material y de la idea es­cultórica. Existe un cierto prejuicio por esto -los griegos Io llamaban techné como si el depender de nuestras propias fuerzas debilitara la imaginación creadora-. Para mí no es así.


En nuestro país existen las mejores maderas y granitos que no son inac­cesibles. Un tronco de quebracho o un trozo de mármol, se consiguen en cualquier demolición.

Como escultor me inicié por el ca­mino clásico, modelé con barro, trabajé con yeso, desnudos, cabezas. Cuando quise, me decidí y corté con la línea inicial. Incursioné por otros campos la poesía, la gráfica, el cine— y luego volví a la escultura. La madera, por sus condiciones de suavidad, calor, humildad de exigen­cias y mínima economía, atrajo mi elección. Después fue el mármol en pequeños formatos, porque éstos no exigen herramientas sofisticadas. Cuando tuve un taller instalado con instrumental y espacio adecuados, ataqué la piedra de grandes dimen­siones en talla directa. Conocí el de­safío de la masa escultórica. Supe de los riesgos que nos imponen re­soluciones de todo tipo.

En nuestro país existen las mejores maderas y granitos que no son inac­cesibles. Un tronco de quebracho o un trozo de mármol, se consiguen en cualquier demolición, y ninguna cantera le niega un pedazo de piedra al que desee esculpir. Yo mismo durante años trabajé con materiales de rezago. Herramientas se consiguen, y lugares donde aprender tam­bién. El que quiere aprender, aprende. Conseguir un buen espacio es difícil y caro en todas partes, y no por eso se deja de hacer escultura.

El verdadero problema reside en otros aspectos: en el qué hacer fren­te a la idea y al material, en el cómo operar sin apartarse de la más rigu­rosa disciplina de taller.

Mis obras en madera -preferentemente de lapacho negro- no son muebles para ser usados. Son sus pa­rodias, sus formulaciones irónicas. Alegorías de lo oculto en algo que se parece a un banco sin serlo, o a una mesa, porque siendo una super-mesa-escultura, tiene exaltadas las notas de peso y apoyo,


La Venus de Milo no es una mujer a quien se la invita a salir. Es símbolo de la mujer. Tampoco mi "Juego de escritorio" sirve como tal. Representa la pomposa relación de dos hombres, uno frente a otro. Aunque alguna vez se me ha asocia do con la obra de Gaudí, me siento más cercano a Claes Oldenburg.

En parte, porque lo que más me intere­sa es poder captar esa poética que pone en obra el concepto, con ex­presión exacerbada y dimensión ex­pandida. Como el cuento, que refuerza con recursos gramaticales su recarga expresiva.


No intervengo en premios porque no estoy de acuerdo. La idea de competir me resulta intolerable, porque creo que el artista es un sujeto to­talmente comprometido con su obra

Soy un reiterativo en mis conceptos, formales: o el esferoide, que puede ser poliedro pero esferoide al fin, o el huso en cualquier forma orgánica que se le parezca. Acepto mi carác­ter, es mi estilo.


No intervengo en premios porque no estoy de acuerdo. La idea de competir me resulta intolerable, porque creo que el artista es un sujeto to­talmente comprometido con su obra, a quien no se le puede asignar un juicio cuantitativo de ser más o menos que otro. Numerosos enfo­ques, facetas, estilos, conjugan la gran familia de artistas, a los que no se puede juzgar con la misma vara, lo que no impide el estudio teórico y la reflexión crítica.

Mientras construyo tres grandes es­culturas de acero inoxidable, imagi­no un cuento botánico para tres se­millas en estado de germinación. Las semillas no son más que nombres, como en toda narración, que permi­ten ligar diferentes acciones: la apa­rición de un proyecto, de obstáculos y del peligro que provoca la huida o la resistencia. Si me quedo y resisto), esa materia inorgánica por acción del maquinado, sustentará el relato, con reflejos del medio a que está destinada parques y jardines para cumplir en su mimesis el eterno re­torno a la naturaleza, generando en su espacio, otros estados de agita­ción.


Transcripción de la entrevista de Silvia de Ambrosini al escultor en su taller.



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