De buena madera (1980)

Actualizado: 13 de nov de 2018

Por Luis Aubele. Revista Casa, 1980. Fotografías: Alfredo Willimburg

"De buena madera": Jorge Michel

Para Jorge Michel la escultura es un arte denso cuyo sentido último se pierde en laberintos de vivencias, árboles centenarios y rocas vírgenes. En esto es continuador de una tradición de la cual Henry Moore aparece como el representante más visible. Al mismo tiempo, ha intentado otras suertes: por ejemplo, cerrar el abismo que puede separar al artista del artesano de productos utilitarios. Una línea de su obra, entonces, integra lo escultórico con lo funcional. Así crea sillones donde puede sentarse para leer su libro favorito, o escritorios donde los objetos corrientes surgen desde el fondo de la madera para jugar con formas y texturas. Para Jorge Michel, en realidad, el mueble sirve de apoyo para que la forma escultórica se desarrolle libremente. 


CLAUDIA: Usted es un artista interesante: un escultor con larga experiencia publicitaria... y algunos teóricos ven en la publicidad una de las fuentes de renovación Para las artes plásticas. ¿Está Ud. de acuerdo? 

MICHEL: Los teóricos (en realidad algunos teóricos), sorprenden de la publicidad y es curioso, porque eso Indicada que viven de espaldas e la realidad. La publicidad es algo muy viejo para el hombre moderno. pero claro, durante mucho tiempo se hizo una división tajante: arte por un lado y publicidad, gráfica o lo que fuete por el otro. Creo que lo mismo pasó con la literatura. Me parece que es evidente que un medio que genera imágenes y formas y las lanza multiplicada a través de todos los elementos de comunicación posibles, tiene que influir en la imaginería de una época.  C.: Resumiendo, ¿para usted la publicidad condiciona a las artes plásticas? ¿Es eso? M.: No. Más bien son las artes plásticas las que se Influyen y condicionan las Imágenes publicitarias. Yo diría que la vanguardia fue siempre de las artes plásticas que el no tener que transmitir determinados mensajes pudieron non "Inútiles", pudieron Investigar formas nuevas . C.: ¿Qué es para Ud. un buen escultor?  M.: Pienso en Alexander Calder, ¿se acuerda de Calder? Bueno, Calder ve un día las obras de Mondrian y descubre que hay colores que flotan en si espacio y le pide permiso a Mondrian para hacer una escultura con sus colores. De allí salen los célebres y tan copiados móviles. Ahora bien, un buen día Calder decide hacer otra cosa, los "estábiles" que son como quien dice lo contrarío de los móviles. No flotan, se apoyan en el suelo ¿y qué debe hacer? Pues desandar el camino. Es decir, ser otro escultor. Creo que en un buen artista tiene que darse una continuidad, de lo contrario algo falla, algo se hizo mal.


C.: ¿Calder era un buen o un mal escultor?

M.: Creo que en Calder había un buen escultor que se reveló en los "estábiles", y un mal escultor que alcanzó mucha fama y dinero con los móviles... Pero ya que hablábamos de las condiciones para el buen artista le diría que algo muy necesario es que haya un clima de arte en la sociedad donde vive... 


Le daría un consejo a los artistas, de acuerdo con mi experiencia : "nunca hagas algo que quieras tener".

C.: ¿Y aquí en la Argentina existe un clima adecuado?  M.: No, porque el arte se reduce a una serie de actos exteriores, buenas o malas inversiones, comentarios superfluos y cosas por el estilo. El arte es más que nada un problema de status...  C.: ¿De qué vive, Michel?  M.: De mi obra. En ese aspecto no me puedo quejar. Soy muy vendedor y desde hace unos años vivo de mi obra. De todos modos le daría un consejo a los artistas, de acuerdo con mi experiencia : "nunca hagas algo que quieras tener".  C.: ¿Qué quiere decir?  M.: Cuando usted quiere algo, tiene una idea más o menos acabada de eso. Es decir que si usted hace ese algo, prácticamente no está inventando nada, no hay misterio. No se crea lo que ya se conoce. En cambio, si usted trabaja en algo que no conoce, inicia algo así como un viaje hacia lo desconocido y la obra no se termina nunca. Porque una vez terminada pasa a manos de otras personas que a su vez la gustan e interpretan des-de sus puntos de vista... Por eso yo no tengo obra mía...  Salvo el caso de algunos sentimentalismos como esta escultura de madera que tiene más de treinta años o estos ídolos de objetos encontrados... Si usted mira se va a dar cuenta que no hay obra. Lo que está o está vendido o sin terminar. El artista que guarda su hacer pierde una parte fundamental de la obra de arte que es el darla para que otras gentes la vayan completando. Imagínese que si yo guardo mis esculturas y luego las miro y las remiro, me pongo narcisista. Digo, por ejemplo: ¡Fíjense que bien que estuve aquí! ¡Con qué calidad resolví esta situación! ¡Qué grande soy! Etcétera.  C.: ¿Para usted un buen artista es en cierto modo un buen salvaje? Quiero decir un hombre totalmente instintivo que desdeña la razón, que no piensa y que realiza la obra un poco a la manera de una explosión visceral, como suelen decir ciertos intelectuales?.  M.: No. Creo que el pensamiento está durante todo el transcurso de la obra. Cuando tengo que expresar algo veo qué material es mejor. Entonces tengo que elegir, y así durante todo el proceso se van produciendo situaciones que requieren pensamiento. 


Un escritorio, un sillón y un banco, tallados en quebracho colorado, revelan la estética de Michel, para quien la forma-mueble es un soporte que permite liberar imágenes de arte.

C.: ¿Existe una especie de test para determinar si un escultor es bueno o, por lo menos, si tiene condiciones?  M.: Para mí hay algo que es fundamental. Y ese algo es la reacción del artista o futuro artista frente al material. Un escultor que es realmente escultor siente una alegría, una suerte de emoción cuando ve una posibilidad, llámese tronco, bloque, o lo que sea. Siente una necesidad de ponerse en seguida a trabajar para "sacar lo que sobra". Esa alegría es el motor del artista, es lo que lo sostiene en los momentos difíciles, lo que lo lleva a sortear tremendas dificultades y situaciones límite. Creo que esa alegría está en la esencia de todo buen artista... Es lo que llamaríamos, su vitalidad... Fíjese que yo nunca trabajo con árboles cortados si no caídos. Y esto no por una razón ecológica. Por ejemplo, yo voy caminando por la selva misionera y de pronto encuentro un quebracho que tiene más de doscientos años y comienzo a pensar en que ese árbol era contemporáneo de los primeros colonos. Que en algunos casos, hay troncos que estaban cuando Colón todavía no había llegado a América. Toda esa serie de vivencias comienzan a desatarse en mí. Y uno comienza a vivir con el tronco de una manera distinta. A medida que van pasan-do los días se inicia una especie de diálogo. Uno acaricia la madera, la toca, la va comprendiendo de a poco, hasta que un buen día siente que todo lo que encierra en potencia sentimental el tronco también está en uno. Entonces es como si el tronco lo llamase. Ese es el momento para comenzar a trabajar. Antes no. Bueno como le decía, creo que este tipo de reacciones frente a los materiales es fundamental para un buen artista..  C.: ¿Su obra siempre prescinde de la opinión de la gente?  M.: Personalmente quiero a la gente y por eso trato de comunicarme con ella. Eso no significa que haga concesiones de tipo proselitista.  Por ejemplo en una serie de obras, que suelen denominarse "muebles" traté de buscar un puente; es decir, cerrar esa brecha que separa al hombre común del artista, recurriendo a elementos de uso diario como mesas, sillas, bancos. Naturalmente los míos no son muebles convencionales. Podría decirse que el mueble es el soporte sobre el que se crea una forma escultórica.  C.: ¿Pero se pueden usar?  M.: Por supuesto. Normalmente un mueble tiene una superficie sobre la que se colocan adornos, asientos, elementos funcionales. Todos estos aditamentos son algo exterior que se "superpone". Bueno, en mis muebles ocurre un fenómeno contrario: los elementos no son superfluos: forman parte de toda la obra, parecen surgir del interior. Y en realidad surgen del interior. 

C: ¿Cuál es su último trabajo en esa línea de creación? M.: A medias con Luis Fernando Benedit, que además de artista es arquitecto, estamos haciendo un proyecto para una plaza a partir de pavimentos que se levantan creando distintos niveles e irregularidades a la manera de los paisajes naturales. 

C.: ¿Algo así como una plaza-escultura?  M.: Bueno, si quiere. podría decirse que es algo así. Pero este tipo de definiciones me resulta odiosa. Creo que lo mejor es que la gente la use y, luego, que cada uno le ponga el nombre que le parezca... 

Fotografía Alfredo Willimburg Reportaje: Luis Aubele.

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